Hay una frase común que rueda de mano en mano que dice: "mal llega a ninguna parte quien no sabe adónde va". Si emprender es un camino que requiere autoconocimiento, no es menos cierto que necesitamos planificación para llegar ¡a algún sitio!
Emprendemos para dar un servicio a nuestros clientes. Sí, lo hemos repetido, pero volveremos a hacerlo hasta la saciedad: a la hora de definir la misión, la visión y los valores de tu empresa, ¿estás incorporando a tus clientes, estás identificándote con aquellos rasgos o cualidades que pueden fortalecerles a ellos? (no eres tú, sino ellos; no eres tú, sino ellos...)
Esta cuestión que quizá en otros planteamientos parezca menos relevante, en emprendimiento social y cultural es crucial: en el primero, especialmente en su versión de trabajo con colectivos, para evitar el riesgo de alejarse de las necesidades reales y en el segundo, para lograr un equilibrio entre la libertad creativa necesaria y la sostenibilidad económica. ¿A qué nos referimos con estos tres conceptos?
En primer lugar, hacen referencia a una declaración clara y compartida de los objetivos que se pretende alcanzar con la actividad comercial. Muestran una dirección clara que trata de dar coherencia a cada una de las áreas de nuestra empresa, desde el marketing hasta la producción. Si, como vimos en el apartado del triple balance, la innovación social está presente en cada una de las fases de la cadena de valor, tener claros los objetivos de nuestro emprendimiento (en qué cedemos/en qué no) puede ahorrarnos tiempo y ... dolores de cabeza.
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MISIÓN: Hoy, propósito central. Para qué has creado tu empresa. Descripción de la empresa, para quién lo haces (clientes), lo que te diferencia. |
VISIÓN: Futuro. ¿Qué es lo que queremos alcanzar? Factible, compartida, inspiradora, clara. | ||
VALORES: La ética. Carta de navegación. Principios rectores. |